Segundo día de descanso y un corte de pelo para arrancar…

Segundo día de descanso, por delante el final de la edición nº 98 del Tour de Francia. Primero habrá que asimilar la etapa nº 15. Gracias a los fuertes vientos, no tuvimos la lluvia que se había pronosticado, pero el viento provoco muchos nervios en la etapa. Después de pocos kilómetros se produjo una escapada de cinco ciclistas y se hizo evidente para todos los corredores que sería una llegada al sprint. Finalmente ganó Mark Cavendish, que se llevo su cuarta etapa del Tour de este año y siguió ampliando su ventaja en la disputa por el maillot verde.

Soplaba viento de cola con tanta fuerza por la izquierda que el pelotón estuvo muy nervioso durante todo el día. Los equipos de velocistas querían tener a sus hombres delante y los que pelean por clasificación general también. De hecho, todo el mundo quería estar al frente y el tradicional miedo a quedar cortado por el viento, hizo el resto. Ha sido una etapa muy desagradable pasando a través de pequeños pueblos y con constantes cambios de posición en la entrada y la salida. Si entrabas retrasado en el pelotón, al salir de la aldea podías estar hasta 500 metros por detrás del gran grupo. Se podía ver una larga cadena de corredores. Era fácil saber exactamente cuándo era el momento de ponerse de píe y lanzar el sprint. Esta especie de acordeón te revienta a largo plazo.

Después de la etapa tuvimos un viaje en autobús de cuatro horas hasta el hotel. Sin masaje y la cena a las nueve y cuarenta y cinco. Todos caímos en la cama agotados y dormí como un bebé.

El posterior día de descanso facilitó la recuperación para el asalto final. Te puedes quedar en la cama un poco más, no hay que recoger las cosas y no hay que ir a la salida. Fuimos una hora a rodar en las bicis y después de la sesión nos dimos el capricho de una bebida fresca y agradable.

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Hice los primeros kilómetros en moto del fotógrafo, a quien conocí hace mucho tiempo y cuya moto es también la que llevo el año pasado por los Campos Elíseos. Los chicos no se veían en mala forma y Jelle Vanendert iba muy bien escondido en mi estela.

El resto del día fue para sesiones de osteópatia, un masaje y un corte de pelo. Todo ha sido de puro lujo, pero mañana todo será un recuerdo lejano, cuando lleguemos a los Alpes, la semana pasada pesa mucho sobre nosotros.

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Saludos deportivos, Seb

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